Esta última semana en consulta, casi en todas las sesiones he notado que a mis chicas les costaba diferenciar lo que es terminar de comer y sentirse “llena” o “saciada”. Es muy común confundir estos dos términos ya que parecen lo “mismo” a nivel corporal pero no lo son.
Antes de empezar con las diferencias, me gustaría aclarar lo que no nos interesa saber porque es importante saber diferenciar los mensajes que vienen a aclararnos las cosas y los mensajes que solo vienen por parte de cultura de dieta para confundirnos.
Navegando por internet podemos caer en mensajes muy simplistas que solo se centran en lo exterior. En una revista muy conocida te encuentras con titulares que dicen “El truco de experto para saciarte antes y comer mucho menos”.
Estamos rodeados de muchísima información, pero es importante hacer cribado de lo que leemos. No está de más, recordar la necesidad que tenemos de comer, comer lo suficiente para nutrir nuestro cuerpo. Los alimentos son nuestra gasolina, por lo tanto, no, la idea no es comer menos, saciarnos más y por lo tanto adelgazar. No somos un número y somos mucho más que nuestro peso.
Una vez recordado esto, podemos aclarar los conceptos de sentirnos satisfechas y sentirnos llenas.
¿Cuál es la sensación de estar satisfecha?
Se refiere a esa sensación de que se ha cubierto una necesidad o deseo. No se necesita comer más, aunque siga existiendo capacidad.
¿Cuál es la sensación de estar llena?
Se refiere a esa sensación física de que el estómago está lleno, no cabe más comida en él. La saciedad no sólo va a depender de la cantidad de alimento que tomas, sino también de su tipo.
Seguramente este ejemplo te haga entender mucho mejor a lo que se refiere.
→ Comernos una caja entera de galletas va a conseguir esa sensación de estar llenos, pero puede que no nos sintamos saciados del todo, puesto que no hemos ingerido la cantidad de nutrientes necesarios.
→ Por el contrario, también puede darse al revés, que hayamos ingerido una cantidad de alimentos nutritivos, pero que no consigan satisfacernos por completo, aunque sí estemos llenas. Esto se debe a que realmente lo que queríamos era comernos unas galletas, quizá como postre o como acompañamiento de una merienda, impidiendo alcanzar esa sensación completa de satisfacción.