En este comienzo de primavera evita el «efecto de la última cena» 

Con la llegada de la primavera es normal que empecemos a asociar el calor con ropa más ligera, telas más finas, prendas de ropa que cubren menos cuerpo, etc. Pensar en que toca hacer el cambio de armario también lo empezamos a asociar con el cambio de alimentación que «deberíamos hacer».

Porque claro… el cuerpo de invierno no puede ser el cuerpo de verano, ¿no?

¿Habías escuchado alguna vez este término?

¿Te suena eso de comerte una tarde de domingo todas las galletas que quedan en el armario de la cocina para no tener ni una el lunes y así «portarte bien»?

Pues no sé si lo sabías… pero el efecto de la última cena es una manifestación de ansiedad que siente una persona, ya sea durante la noche anterior o incluso a lo largo del día, previo al inicio de una dieta (o planificación alimentaria rígida) al pensar que no podrá volver a disfrutar de sus alimentos favoritos (por pensar que no tiene permiso de comerlos).

Esto le llevará a darse un atracón, como una especie de despedida de todo aquello a lo que tendrá que renunciar permanentemente. 

Sucede porque aún siguen estando muy presente los conceptos de alimentos “prohibidos” y alimentos “permitidos” y la cultura dieta en nuestra sociedad. Te cuento un poco de que va esto:

  • Posibles alimentos prohibidos –> aquellos alimentos que más miedo pueden dar por su composición nutricional, por no ser considerados «saludables», por tener niveles altos de grasas, azúcares, sal…
  • Posibles alimentos permitidos –> aquellos alimentos que se consideran más «saludables», aquellos alimentos más verdes…

La famosa “operación bikini”, período en el que las personas se disponen a adelgazar ante la llegada del verano, el fin de un período lleno de excesos, como la navidad o las vacaciones, o tras llevar mucho tiempo en una dieta restrictiva, son algunos de los momentos dónde puede surgir este efecto.

¿Una vez al año, no hace daño? O igual sí…

Debemos deshacernos de la idea de que consumir grandes cantidades de un alimento de vez en cuando y luego no volver a hacerlo durante mucho tiempo es más saludable que comerlo en pequeñas cantidades de forma regular a lo largo de la semana.

Al adoptar esta mentalidad, podemos disfrutar más de la comida, enseñar a nuestro cerebro que podemos permitirnos ese alimento cuando lo deseemos y mejorar nuestra relación con la comida, volviéndonos más conscientes de nuestras elecciones alimentarias.

¿Qué podemos hacer para  evitar caer en efecto de la última cena?

  1. Comer una galleta cada día en lugar de una caja de galletas una sola vez cada mes.
    • Puedes tomar en la merienda un par de galletas si con eso evitarás comerte el paquete entero un sábado por la tarde a escondidas.
  2. Disfrutar de una porción de helado después de la cena en lugar de devorar un litro entero en una sola sesión y luego no volver a comerlo durante meses.
    • Puedes ver el helado como una alternativa más de postre junto a otros alimentos: macedonia de fruta, mini bol de cereales, yogur con chocolate… Empezar a ver la comida solo como comida y sin tanto valor moral te ayudará a dejar de categorizar tanto lo que comes.
  3. Incluir una pequeña cantidad de chocolate diaria en lugar de esperar y darte un atracón de chocolate cada vez que te sientes privado.
    • Sí, puedes acompañar tu café de la tarde con una onza de chocolate. Sí, puedes tomarte esa onza de chocolate como postre. Si esto te ayudará a disminuir la ansiedad que te genera el pensar que «no puedes» comer «tanto» chocolate.
  4. Consumir una ración de patatas fritas como acompañamiento en una comida en lugar de comer una bolsa entera de una sola vez.
    • Hacer una fusión entre los alimentos «prohibidos» y «permitidos» puede ser una buena estrategia si te notas siempre comiendo en modo «todo o nada».

Espero que te des permiso de practicar estos pequeños ejemplos en tu día a día para soltar un poco esa mentalidad.

Puedes dejarme por comentarios las dudas que te puedan surgir sobre el tema planteado.

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