El sistema inmunitario está formado por diferentes células, proteínas y órganos que se encargan de proteger a nuestro cuerpo de enfermedades potenciales causadas por microbios (ya sean virus, bacterias o parásitos).
Tenemos dos tipos de inmunidad: la innata y la adaptativa.
- La innata es la primera línea de defensa y está formada por barreras como la piel, las mucosas, el pelo, el ácido del estómago, enzimas y algunas células.
- El segundo tipo de inmunidad es aquel en que el cuerpo aprende a defenderse ante un patógeno específico, y en la que participan los anticuerpos, que son específicos y se guardan en caso de que aparezca otra vez el mismo patógeno.
Sabemos que varios factores como el estrés, el entorno o la genética determinan la eficiencia y función del sistema inmunitario (4). Pero seguramente también has oído alguna vez que tomar cítricos o tomar té con miel te hace más fuerte, especialmente durante invierno.
En el blog de hoy, vamos a hablar de la relación entre la alimentación y el sistema inmunitario.
¿Qué factores debilitan nuestro sistema inmunitario? (1)
- La edad es un factor que definitivamente afecta el sistema inmunitario, debido a que los órganos van perdiendo eficiencia, y en estos se incluyen aquellos encargados de producir células inmunitarias.
- Algunas toxinas, como puede ser el humo por la contaminación o por el tabaco, el alcohol excesivo… pueden reprimir las células.
- Una dieta no variada ni equilibrada, ya que si faltan nutrientes esto puede llegar a afectar la producción de células.
- Enfermedades crónicas, incluido el estrés crónico. O la falta de sueño y descanso, ya que en este período, el cuerpo se restaura.
Post en colaboración con Rofayda Bakkali, estudiante de primero de Medicina.